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"Cuando el trabajo termina… ¿Quién soy ahora?"




La jubilación y la búsqueda de sentido en la tercera edad

Durante décadas, el trabajo ocupa un lugar central en la vida de muchas personas. Marca el ritmo de los días, da estructura, sentido de utilidad, identidad social y motivos para levantarse cada mañana. Por eso, cuando llega la jubilación, no siempre se vive como un descanso merecido. Muchas veces, se transforma en una experiencia ambigua o dolorosa.

El “dejar de trabajar” no significa solo dejar de producir ingresos. Implica cerrar una etapa vital que, en algunos casos, deja preguntas difíciles: 

  • ¿Qué hago ahora con mi tiempo? 

  • ¿A quién le importa lo que tengo para decir? 

  • ¿Ya pasó lo mejor de mi vida?

Este momento, tan humano como frecuente, merece ser acompañado con respeto y sensibilidad. Porque aunque muchas personas mayores no lo expresen con palabras, sienten que han perdido algo más que un empleo: han perdido parte de su lugar en el mundo.


La jubilación: un duelo silencioso


La sociedad muchas veces celebra la jubilación como una “liberación”, pero no siempre se valida lo que realmente se experimenta:

  • Un duelo por la identidad laboral: “yo era maestro”, “yo era comerciante”, “yo era útil”

  • Una sensación de vacío existencial: los días se vuelven largos y sin propósito

  • Una soledad emocional al perder vínculos diarios con colegas

  • Tensiones familiares, cuando el retiro altera las dinámicas del hogar

  • Desvalorización social: como si ya no se tuviera nada que aportar

En muchos casos, todo esto se vive en silencio, sin saber cómo nombrarlo o con la idea de que “no hay que quejarse”.

Y es ahí donde la orientación familiar puede ofrecer una gran ayuda.


¿Cómo ayuda la orientación familiar?


Desde un enfoque cálido, realista y humano, la orientación familiar ofrece un espacio para:

  • Acompañar el duelo por el cambio de etapa

  • Redefinir el sentido de vida en la adultez mayor

  • Reconectar con habilidades, deseos o proyectos postergados

  • Fortalecer la autoestima en esta nueva etapa

  • Ayudar a la familia a comprender y acompañar este proceso sin exigencias ni juicios

No se trata de “llenar el tiempo” con actividades, sino de redescubrir el valor personal más allá del rol laboral.



Recomendaciones para transitar la jubilación con sentido


  • Permitirse el duelo: es normal sentir tristeza o confusión al principio 

  • Explorar nuevos intereses: arte, escritura, oficios, voluntariado, formación 

  • Compartir lo que se siente con la familia: no guardarse todo 

  • Buscar espacios de pertenencia: centros de jubilados, talleres, grupos de reflexión 

  • Consultar a un orientador familiar si el proceso se vuelve difícil o solitario


La vida no se termina al dejar de trabajar. Cambia. Y con ayuda, puede cambiar para bien.


La jubilación no tiene por qué vivirse como una pérdida. Puede ser un tiempo fértil, de reconexión profunda con lo que uno es y con lo que todavía tiene para ofrecer. Desde la orientación familiar, creamos espacios para acompañar este tránsito con respeto, escucha y proyectos nuevos.

Si te sentiste identificado con este artículo, te invito a seguir leyendo el blog. Cada texto es una oportunidad para poner en palabras lo que a veces cuesta decir… y encontrar juntos nuevas formas de vivir con sentido.


Porque cada etapa tiene su luz, y merece ser vivida con dignidad y compañía.


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