Cuando el año se acerca a su cierre: un tiempo para mirar, ordenar y acompañar
- Lic. Karina Palomo Pesci

- 19 nov 2025
- 3 Min. de lectura

A medida que el año empieza a aflojar el ritmo, muchas personas sienten que llegan esas semanas en las que todo se acelera por fuera y, sin embargo, por dentro aparece la necesidad de poner las cosas en su lugar. Son días en los que las agendas se llenan, los pendientes apuran, los balances se hacen presentes y las conversaciones cotidianas se tiñen de un “¿cómo llegamos hasta acá?”.
Este movimiento no es casual. Los finales —de ciclo, de proyecto, de año— suelen actuar como una especie de espejo: nos muestran lo que construimos, lo que dejamos en pausa y lo que necesitamos revisar. En ese reflejo aparece también nuestra trama familiar: las decisiones que tomamos pensando en otros, las rutinas que organizan nuestra vida diaria, los vínculos que sostienen nuestras responsabilidades y los espacios que quizás merecen un nuevo orden.
Un cierre de año no es un juicio: es una oportunidad de lectura
Desde la Orientación Familiar entendemos estos momentos como puntos de inflexión naturales del ciclo anual. No son crisis en el sentido dramático, sino instancias de reorganización, donde cada persona atraviesa pequeñas tensiones que suelen indicar un cambio necesario: ajustar ritmos, revisar prioridades, redefinir roles, o simplemente habilitar un diálogo que se estuvo postergando.
Cuando una familia —o una mujer de manera personal— llega a fin de año con la sensación de estar sobrepasada, generalmente no se trata de “falta de voluntad” ni de “mala gestión del tiempo”. Muchas veces se trata de una estructura que necesita ser revisada: dinámicas que se desordenaron, responsabilidades mal distribuidas, expectativas que no se conversaron, o decisiones que se cargaron de más.
La Orientación Familiar aporta precisamente eso: una mirada relacional, que vuelve a poner el foco en cómo nos estamos vinculando, cómo tomamos decisiones y cómo acompañamos los cambios que aparecen en cada etapa de nuestra vida.
Los temas que emergen con más frecuencia en esta época
Sin mencionar cuestiones sensibles que no corresponden al enfoque del artículo, sí podemos reconocer aquellos temas habituales que se intensifican cuando se acerca diciembre:
Reacomodamiento de rutinas: horarios, actividades, fin de clases, inicios laborales o cierres de proyectos.
Sobrecarga en mujeres y familias: más tareas, más compromisos, más necesidad de sostener la vida cotidiana.
Dudas sobre decisiones postergadas: mudanzas, cambios profesionales, reorganización de tiempos.
Conversaciones importantes que quedaron pendientes: acuerdos familiares, límites saludables, pedidos de ayuda.
Necesidad de reordenar la vida personal: espacio propio, descanso, metas realistas y sostenibles.
Acompañar estos procesos no significa dar consejos ni “motivar”. Significa crear un lugar profesional donde cada persona pueda comprender qué está pasando y encontrar pasos posibles y realistas, acordes a su situación y a su historia.
¿Por qué la Orientación Familiar es tan valiosa en este momento del año?
Porque ofrece un espacio donde:
Se aliviana la carga mental, entendiendo que no todo depende de uno mismo.
Se reorganizan roles y responsabilidades sin culpas ni exigencias excesivas.
Se leen los cambios con criterio profesional, no desde la urgencia o el agotamiento.
Se recuperan recursos y fortalezas familiares, muchas veces ocultas detrás del cansancio.
Se acompaña a tomar decisiones con claridad, mirando el impacto integral en la vida cotidiana.
En palabras sencillas: la Orientación Familiar ayuda a traer orden donde hay ruido y sentido donde hay presión.
Un final que inspira un comienzo
El cierre del año no pide perfección. Pide presencia. Pide habilitar una pausa que permita preguntarnos qué necesitamos para que la vida cotidiana sea más amable y sostenible.
No se trata de hacer balances exhaustivos ni de proponerse grandes cambios. Se trata de reconocer que cada etapa requiere movimientos, conversaciones y ajustes, y que no hace falta transitarlos solos.
Acompañarte desde la Orientación Familiar es, precisamente, ofrecer un espacio cuidado donde esos movimientos puedan encontrar forma, claridad y dirección.
Que este final de año nos encuentre con la libertad de ordenar lo que importa, para entrar al próximo con un poco más de calma, conciencia y bienestar.
Si querés conversar o entender mejor cómo este acompañamiento puede ayudarte, estoy acá para vos.



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