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El verdadero sentido de la Navidad: encuentro, presencia y comienzo


La Navidad suele llegar envuelta en ruido, compromisos, balances apurados y expectativas difíciles de sostener. Sin embargo, la Navidad no es una exigencia ni una puesta en escena: es una invitación al encuentro, a detenernos y volver a lo esencial.

Desde la tradición cristiana, la Navidad celebra el nacimiento de Jesús. Un nacimiento sencillo, humilde, lejos de la grandiosidad, que ocurre en un pesebre y se ofrece sin imponerse. Allí hay un mensaje profundo y siempre actual: Dios elige llegar al mundo de manera cercana, recordándonos que el amor verdadero se expresa en lo simple y en lo cotidiano.


Estar presentes: el primer gesto de amor


La Navidad nos invita a estar verdaderamente presentes. Presentes en una mesa compartida, en una conversación sin apuro, en una escucha que no busca corregir ni resolver. Estar presentes es un acto de amor profundo, especialmente en un tiempo donde la prisa y la distracción parecen ocuparlo todo.

No importa si esa mesa es grande o pequeña, si está rodeada de muchos o si se vive en soledad. La Navidad no mide el valor de una persona por la cantidad de personas a su alrededor, sino por la disponibilidad del corazón para recibir y ofrecer.


Compartir sin mandato, desde lo auténtico


Las fiestas muchas veces vienen acompañadas de “deberías”: deberíamos estar felices, deberíamos reunirnos, deberíamos sentir gratitud. Desde la Orientación Familiar sabemos que esos mandatos suelen alejar más que acercar..

La Navidad no pide perfección. Pide verdad. Un gesto sincero, una palabra que repara, un silencio compartido, un mensaje que acerca. Compartir no es cumplir, es elegir. Y cuando se elige desde el amor, incluso lo pequeño se vuelve significativo.

Dar a otros —tiempo, presencia, comprensión— no como obligación, sino como expresión del amor que nace del encuentro, nos transforma también a nosotros.


Un nacimiento que sigue ocurriendo


El fin de año suele invitarnos a cerrar, evaluar y proyectar. La Navidad, en cambio, propone algo distinto: un comienzo que nace en el corazón. No como un cambio grandioso, sino como un movimiento silencioso y posible.

El nacimiento de Jesús nos recuerda que siempre es tiempo de dejar nacer algo nuevo: una forma más amable de vincularnos, una mirada más compasiva hacia nosotros mismos, una manera más humana de estar en familia y con otros.

No se trata de que todo esté resuelto, sino de abrir el corazón para que ese nacimiento tenga lugar hoy, en lo concreto de nuestra vida.


Una invitación abierta y respetuosa


Este mensaje nace desde la fe cristiana, pero no excluye ni juzga. La Navidad, vivida en su sentido más profundo, es una invitación universal al encuentro, al cuidado del otro y al respeto por las distintas historias y modos de vivir estas fechas.

Que esta Navidad no sea una exigencia más ni una lista de expectativas que cumplir. Que sea el recuerdo vivo del nacimiento de Jesús, que llega de manera sencilla para mostrarnos un camino posible.

Porque la Navidad sigue ocurriendo cada vez que dejamos que algo nuevo nazca en el corazón: en un gesto, en una palabra, en una forma más amorosa de compartir la vida.




¡Feliz Navidad!



Lic. Karina Palomo Pesci

Orientadora Familiar


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